Y las mariquitas le danzan por el cuello, porque su benevolencia es tan inmensa que podrían pasearse por su cuerpo como si de un paraíso se tratara. Jamás he conocido a una perra igual, es nobleza en estado puro. Es de esas criaturas que es necesario descubrir para tomar conciencia de que siempre podemos mejorar, de que un mundo mejor es posible, siempre y cuando nosotros queramos… y ella quiere.
Nos encanta verla feliz, agitando esa cola que imprime movimiento hasta casi la cintura, celebrándolo cómo si sólo existiera ella, los suyos y la felicidad.


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