
Matín llegó a este mundo tras un largo verano y un breve otoño, como las aves migratorias que llegan para refugiarse del frío donde habitan. Él llegó y dio calidez, luz y felicidad a todos los que lo esperábamos. Aquel día su mamá lo acogía como si hubiera estado siempre con ella, en realidad Martín era un ser independiente que había surgido de ella, como las gotas chispeantes de una fuente vital.
La mañana que lo conocimos celebrábamos la llegada de ese ser desconocido que conocíamos tan bien. Sabíamos como se movía bajo la piel de su madre, adivinábamos su cara entre ecografías, y sobre todo éramos partícipes de la ilusión de la espera…. pero aún no teníamos su olor, ni la profundidad de su mirada.
Y como la espera se hace larga, decidí aguardárlo dedicándole una mantita, para que durmiera cálido en las frías noches del invierno. Desde entonces, siempre lo imagino durmiendo entre infinitas puntadas de lana, todas suavitas y dulces, como si anidara en un capullito de hilos protectores.


Lo de tejer con algo más que con lana se nota... Martín adora su mantita hecha de lana y amor y adora su colorido y suavidad. Recibir calor es agradable, darlo... Hermoso!!!! En casa se te quiere tanto... Gracias, pitijopita linda
ResponderEliminarMe dejas sin palabras, tan sólo con una emoción que da sentido a un sentimiento de cariño que es mutuo. Esta pitijopa se ruboriza cuando le dicen cosas bonitas, ya sabes, los pitijopos suelen ser muy pudorosos! En este hueco de este mundo también se os quiere enormemente. Besos, linda.
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